Jenny Viviana Enriques Chaves

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Perfil Profesional

Cuenta con una formación integral altamente pertinente para el trabajo con la primera infancia y el desarrollo humano. Técnica en Primera Infancia, Licenciada en Pedagogía Infantil, Especialista en Desarrollo Integral de la Infancia y la Adolescencia y Especialista en Desarrollo Integral de la Primera Infancia.

Investigación de la paternidad

Definición:

Proceso mediante el cual se restituye el derecho del niño a su identidad estableciéndole su filiación, cuando no es reconocido voluntariamente por su padre; se adelanta ante un Juez de Familia y para emitir sentencia el juez solicita pruebas, que permitan determinar la paternidad, incluida la prueba biológica de ADN, prueba que puede ser ordenada por la autoridad competente, o aportada por las partes interesadas en el proceso. (Tomado del Concepto 16 de 2012 del ICBF)

Abecedario:

Panelistas

Preguntas Frecuentes de Referencia:

Claves para incentivar la equidad de género en el hogar

Fomentar juegos incluyentes y asignar tareas de forma justa entre niños y niñas son algunas claves.

La distribución de tareas y responsabilidades en el hogar, así como las diversas actividades y juegos que las familias fomentan en sus hijos, impacta profundamente en la manera en la que ellos aprenden o no las nociones de equidad de género.

De hecho, expertos de Oxfam, organización internacional que trabaja para reducir las desigualdades sociales y económicas en el mundo, señala que los estereotipos sobre los roles femeninos y masculinos tienden a perpetuarse desde el hogar porque son interiorizados por los menores de edad desde sus primeros años de vida

¿Cómo? A través del ejemplo que obtienen de los comportamientos y actitudes de sus padres, de los juegos o actividades lúdicas que desarrollan y mediante las tareas domésticas que se les encarga.

Por eso, es importante que los cuidadores reflexionen sobre la forma en la que están fomentando en sus hijos la equidad de género y comiencen a erradicar, desde casa, esas creencias que encasillan las responsabilidades en el terreno de lo femenino y de lo masculino.

Aquí algunas pautas para lograrlo:

El juego, una herramienta poderosa

Como primera medida, se debe procurar que los juegos sean incluyentes, es decir, que no generen diferenciación alguna de géneros y que, además respondan a los intereses de sus hijos.  

Douglas López, funcionario de la Dirección de Familias y Comunidades del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) recomienda permitir que las niñas jueguen, si así lo desean, con juguetes de construcción o pistas de carros,  que practiquen deportes de contacto como el fútbol o el karate y que se diviertan desempeñando aquellos roles que, tradicionalmente, han sido vinculados con el género masculino como, por ejemplo, jugar a ser astronautas, policías, médicos o bomberos, entre otros.

Por su parte, Paloma Carvajalino, directora del Centro de Psicología para la Niñez y la Adolescencia (PSYNAD) señala que a los niños tampoco se les debe coartar el deseo de jugar con juguetes tradicionalmente asociados a las niñas.

Esto por dos sencillas razones: “la primera, porque no hay nada de malo en ello y la segunda, porque los juegos no deben ser encasillados en términos de ‘lo femenino’ y ‘lo masculino’”, expresa la especialista.

Formar niños que cuidan

Uno de los asuntos que pone en discusión la equidad de género en los hogares es la crianza. Con frecuencia, las mujeres perciben que cargan con toda la responsabilidad y reclaman una mayor participación de los hombres en la atención y el cuidado de sus hijos.

“No tenemos hombres que sean cuidadores porque no los educamos desde niños en ese sentido. Si queremos hombres comprometidos con la crianza y con el ejercicio de la paternidad, sencillamente tenemos que desarrollar esas capacidades desde la infancia y la adolescencia”, advierte López.

Para el funcionario del ICBF, el juego puede ser un vehículo efectivo para involucrar a los niños en las dinámicas de cuidado. “Los niños también podrían jugar con un muñeco, darle tetero, cambiarle el pañal, todo eso que se les enseñaba a las niñas”.

Ahora bien, si esto genera resistencia entre los padres, se puede recurrir a estrategias como fomentar en el niño su participación en dinámicas como el cuidado de sus juguetes, o asignándoles responsabilidades en el cuidado de una mascota o de una planta.

Incluso, señala López, los niños pueden participar, de forma acorde con su edad, en el cuidado y atención de sus hermanitos y de sus primos sin que esto excluya, por supuesto, la responsabilidad de los adultos.

Tareas equitativas en casa

En ocasiones, las tareas y responsabilidades que se les asignan a los menores de edad en el hogar tienden a reproducir estereotipos: sucede que, por ejemplo, las niñas son las que acompañan a la madre en las labores de aseo, mientras que los niños aprenden con su padre a cambiar las llantas del carro familiar.

“Hay que empezar a reflexionar sobre los roles que les damos a los niños en el hogar para dejar de marcar diferencias y encasillamientos entre unos y otros”, señala la psicóloga Carvajalino. Para lograrlo los especialistas sugieren algunos ‘tips’:

·Generar variaciones y equilibrio a la hora de distribuir las responsabilidades: si un día o durante una semana, la niña estuvo encargada de recoger la ropa sucia mientras el niño ayudaba a tender las camas o a recoger los platos de la mesa, en la siguiente ocasión, los papeles se deben intercambiar para que haya igualdad en el ejercicio.

·Aprovechar los fines de semana para desarrollar actividades de trabajo colaborativo como, por ejemplo, cocinar en familia o realizar jornadas de aseo donde todos los integrantes tengan una tarea específica y cooperativa. Esto promueve la integración y la solidaridad.

·Fomentar espacios en los que las niñas compartan con sus padres y los niños con sus madres. De esta forma, aprenden a generar empatía con el género opuesto y a involucrarse con las responsabilidades de ambos: un niño puede mercar con su mamá mientras la niña aprende a hacer reparaciones en casa con su padre.

Enseñar con el ejemplo

Las actitudes y comportamientos de padres y madres construyen el ejemplo que proyectan hacia sus hijos.

En este punto, es esencial que sean los mismos adultos quienes dejen de pensar que existen “oficios de mujeres” y “oficios de hombres” y empiecen a generar dinámicas en las que ambos se comprometan y se involucren por igual en las rutinas de cuidado y crianza.

Para ello se requiere que la pareja genere acuerdos y que ambos valoren los esfuerzos hechos por su contraparte. Aquí se deben eliminar frases como “es que tú no lo haces bien”, “tú no sirves para esto” o “deja yo lo hago” que desalientan y debilitan la intención de colaborar y asumir responsabilidades.

Manejo de las emociones

Finalmente, reconocer y validar los sentimientos es otra manera de fomentar la equidad de género en casa. Al igual que ocurre con los juegos y las tareas domésticas, la manifestación de las emociones no debe limitarse ni reprimirse por el hecho de ser niño o niña.

Los padres deben eliminar expresiones como “no llores que pareces una nena” o “los niños no lloran” cuando sus hijos expresan tristeza y desconsuelo.

 Tampoco deben decirle a sus hijas que “las niñas no se portan así” o que “ese comportamiento no les queda bien” cuando sus hijas están enfadadas o molestas.

 Al contrario, en lugar de reprimir, es responsabilidad de los padres, enseñar a sus hijos a reconocer y gestionar sus emociones conversando acerca del factor que lo originó y buscando alternativas para solucionar los situaciones problemáticas.

¿Qué sucede si la prueba biológica de ADN determinó que soy el padre biológico del niño, pero él no se parece físicamente a mí?

Código FAQ
REP01011
Respuesta:

Las características físicas de las personas no determinan en ningún caso la filiación, si ya se realizó una prueba genética y el resultado de ésta fue positivo, usted es el padre biológico de ese niño.

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¡Histórico! 2.353 madres comunitarias serán contratadas por el Estado

Bogotá, D. C.
El Consejo Direc-vo del Bienestar Familiar aprobó de manera  unánime, con 10 votos a favor, la formalización laboral de 2.353 madres comunitarias en 141 municipios de 19 departamentos del país. Esta medida contempla una inversión de $6.143
millones para la vigencia de 2024.
La decisión se toma cumpliendo los compromisos consignados en el arLculo 137 de. Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 con las niñas, los niños, adolescentes, las madres y padres comunitarios, sustitutos transitados y agentes educativos del país.

La ley indica que el Gobierno Nacional, el Ministerio del Trabajo, el Departamento Administrativo de la Función Pública y el ICBF desarrollarán instrumentos norma-vos para la formalización laboral, de manera progresiva y gradual, de las madres y padres comunitarios que se encuentren
laborando en el servicio de Hogares Comunitarios de Bienestar.

La Vicepresidenta y Ministra de Igualdad, Francia Elena Márquez Mina, afirmó que “con la decisión de hoy les cumplimos a las madres comunitarias y respondemos a lo consignado en el Plan Nacional de Desarrollo en la formalización progresiva y gradual de las madres comunitarias.

Este es un paso hacia la jus-cia social y la dignificación de su labor. Hoy debo decirles gracias, gracias por el cuidado de la niñez de este país.” Esta decisión garan-za la formalización a través de una planta temporal, sin perjuicio de la reforma laboral que con-núa avanzando en el Congreso de la República. La decisión se convierte en un hito que reivindica los derechos laborales de miles de mujeres que han dedicado su vida al cuidado amoroso de la niñez y han jugado un papel crucial en el cuidado y desarrollo integral de la primera
infancia en Colombia.

Por su parte la directora del Bienestar Familiar, Astrid Cáceres, sostuvo que la ampliación de la planta de personal del ICBF “refleja el compromiso del Estado con la equidad de género y el reconocimiento de la labor que desempeñan las madres comunitarias, fortaleciendo así el sistema
de atención a la niñez en el país.”

A julio de 2024 en Colombia hay 40.469 mujeres y 109 hombres que se desempeñan como madres y padres comunitarias en 933 municipios atendiendo a 454.531 niñas, niños y adolescentes. Cerca de 28 mil de ellas de graduaron como tecnólogas de SENA en dis-ntas disciplinas.

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