Cuentas para la Vida empezó a mostrar cómo las comunidades están leyendo los cambios en sus territorios
Más de 4.000 personas, entre niñas, niños, adolescentes, familias, comunidades indígenas, madres comunitarias, agentes educativos y liderazgos territoriales han participado en las mesas públicas de Cuentas para la Vida desarrolladas por Bienestar Familiar en distintos territorios del país.
Agua potable, alimentación real, participación infantil, fortalecimiento cultural, acompañamiento familiar y cuidado comunitario han hecho parte de las conversaciones recogidas durante las jornadas.
Las conversaciones que comenzaron en las mesas de «Cuentas para la Vida» empezaron a dejar una lectura que atraviesa distintos territorios del país: cuando las comunidades hablan de transformación, hablan de cambios concretos en su vida cotidiana.
Hablan del agua potable que llega a comunidades históricamente excluidas. De niñas y niños que hoy participan a través de la música, el dibujo, los relatos y la palabra. De familias que reciben acompañamiento en zonas rurales dispersas. De culturas y saberes que las comunidades quieren mantener vivos. De procesos comunitarios que hoy hacen parte de la vida de los territorios y del cuidado de la niñez.
Durante las últimas dos semanas, más de 4.000 personas han participado en mesas públicas desarrolladas en contextos rurales, urbanos, fronterizos, étnicos y comunitarios del país. Las jornadas han reunido voces de niñas, niños, adolescentes, familias, comunidades indígenas, madres comunitarias, agentes educativos, autoridades tradicionales y liderazgos territoriales alrededor de preguntas sobre bienestar, protección y cuidado para las nuevas generaciones.
Aunque las conversaciones han sido distintas en cada territorio, se han convertido en el espacio para expresar preocupaciones y reflexiones comunes: alimentación, fortalecimiento familiar, prevención de violencias, participación infantil, identidad cultural, cuidado colectivo y permanencia de procesos comunitarios.
Por ejemplo, en La Guajira las conversaciones desarrolladas con comunidades wayuu hicieron referencia al acceso al agua potable, al fortalecimiento cultural y el acompañamiento familiar.
«Ya tenemos la oportunidad, como derecho fundamental, de consumir agua potable», expresó Iván Fernández Pushaina, autoridad ancestral wayuu de Manaure, durante una de las mesas públicas realizadas en el territorio.
En comunidades rurales dispersas de Uribia, las familias también resaltaron el acompañamiento a la educación y el cuidado de niñas y niños desde sus primeros años.
«Muchas de las familias cuentan hoy con acompañamiento para fortalecer la educación y el cuidado de los niños desde sus primeros años», expresó Ángel de Jesús Baquero Gómez, líder de la comunidad Paramana.
En Valle del Cauca, más de 1.067 personas participaron en 11 mesas públicas donde aparecieron conversaciones sobre educación inicial, formalización de madres comunitarias, juego, música, participación y continuidad de programas para la niñez.
«Siento un agradecimiento inmenso porque además de cómo tratan a mi nieta, yo también he aprendido. Hoy me siento en capacidad de cuidar un niño», expresó una abuela participante del Hogar Infantil del Centro Zonal Yumbo.
También aparecieron voces como la de Emanuel Quintero, un niño de 11 años del programa de música del centro zonal Cartago: «Me gusta el programa por la música, jugar con mis compañeros y conversar con las profes. Me gustaría que continuara porque puedo seguir aprendiendo y compartiendo con mis amigos».
En San Andrés, las familias hablaron del fortalecimiento de la cultura raizal y de prácticas tradicionales como los relatos orales, los cuentos de Anansi, la gastronomía típica, la música y los bailes autóctonos como parte de la identidad cultural de niñas, niños y adolescentes.
Mientras tanto, en Huila, Antioquia y Risaralda, niñas, niños, adolescentes y familias participaron en ejercicios de dibujo, cartografía social, música, relatos y diálogo comunitario alrededor de temas como participación infantil, fortalecimiento familiar, inclusión y prevención de violencias.
Las mesas públicas también avanzaron en territorios como Boyacá, Casanare, Meta, Arauca, Atlántico, Chocó, Santander, Bogotá y Caquetá, donde las comunidades compartieron experiencias y reflexiones sobre bienestar, cuidado y protección de niñas, niños y adolescentes.
Más que una suma de actividades, «Cuentas para la Vida» empezó a construir una conversación nacional sobre cómo las comunidades están leyendo los cambios que atraviesan sus territorios y cuáles consideran fundamentales para la vida cotidiana de niñas, niños, adolescentes, familias y comunidades.
Durante mayo y junio, las mesas públicas continuarán desarrollándose en distintos lugares del país para seguir reuniendo voces, experiencias y memorias construidas desde los territorios alrededor del cuidado de la vida y la niñez.





















