El derecho humano a la alimentación se está consolidando como una de las principales apuestas para fortalecer la economía campesina, promover la soberanía alimentaria y ampliar las oportunidades de desarrollo en los territorios.
Así quedó evidenciado durante el Encuentro Campesino de Santander «Raíces de Nuestra Tierra», un espacio que reunió a organizaciones campesinas, economía solidaria e instituciones públicas alrededor de una agenda común para fortalecer el campo colombiano desde la producción, el abastecimiento y la organización comunitaria.
El encuentro, liderado por Mercored, con el acompañamiento de la Unidad Administrativa Especial de Organizaciones Solidarias, Prosperidad Social y Bienestar Familiar, se convirtió en un escenario para visibilizar los avances alcanzados en materia de compras públicas locales, circuitos cortos de comercialización, soberanía alimentaria y fortalecimiento de las economías rurales.
Uno de los principales resultados destacados durante la jornada fue la consolidación de las compras públicas locales como una herramienta para conectar directamente a las organizaciones campesinas con los programas sociales del Estado.
Bienestar Familiar fue la primera entidad del país en implementar la Ley de Compras Públicas Locales, demostrando que esta estrategia contribuye simultáneamente a garantizar el derecho humano a la alimentación, fortalecer la autonomía alimentaria de los territorios y dinamizar las economías rurales.
Actualmente, el 58 % de los alimentos adquiridos para los programas de Bienestar Familiar proviene de productores locales, gracias a una inversión superior a los $67.000 millones en compras públicas locales. Esta apuesta ha permitido vincular a alrededor de 200 organizaciones campesinas y étnicas a los procesos de abastecimiento alimentario y beneficiar a cerca de 137.000 personas vinculadas a la producción y comercialización de alimentos en distintas regiones del país.
Los participantes destacaron que este modelo ha contribuido a fortalecer circuitos solidarios de comercialización, reducir la intermediación y promover relaciones más justas entre productores, organizaciones y programas sociales. Para miles de familias campesinas representa mayores oportunidades de comercialización, mejores ingresos y una participación activa en la construcción de sistemas alimentarios sostenibles.
Durante el encuentro también se resaltó la importancia de acercar a quienes producen los alimentos con quienes los reciben. Esta articulación permite que las familias, las madres gestantes y lactantes, así como las niñas y niños atendidos por los programas sociales, conozcan el origen de los alimentos que consumen y reconozcan el aporte del campesinado a la garantía del derecho a la alimentación.
Asimismo, se destacó el papel que cumplen las asociaciones campesinas en el abastecimiento de alimentos para madres gestantes, madres lactantes y niñas y niños de primera infancia en todo el país, fortaleciendo una relación directa entre producción local, nutrición y bienestar.
La apuesta por las compras públicas locales hace parte de las transformaciones técnicas y administrativas que se han dado en el Bienestar Familiar, entre ellas el diseño e implementación de la Guía de Alimentación basada en Biodiversidad y Alimentación Real, la cual contempla estrategias de educación alimentaria y nutricional orientadas al rescate de la biodiversidad alimentaria, las tradiciones culinarias y los alimentos propios de cada territorio. Gracias a este enfoque, los programas de atención incorporan preparaciones y productos que reflejan la identidad cultural de las comunidades y promueven una alimentación más cercana a los saberes y prácticas locales.
Los asistentes también destacaron los avances alcanzados en la territorialización de la alimentación, permitiendo que niñas y niños reciban alimentos y preparaciones acordes con las características culturales y productivas de sus regiones, fortaleciendo la soberanía alimentaria y el reconocimiento de la diversidad alimentaria del país. De igual manera, se resaltó el papel de los alimentos de alto valor nutricional y de las acciones desarrolladas para fortalecer hábitos de alimentación saludable, mejorar la calidad nutricional de la atención y contribuir al bienestar de las familias colombianas.
Durante el encuentro también se socializaron experiencias asociativas, avances en procesos de comercialización solidaria y mecanismos de articulación institucional que han permitido fortalecer organizaciones sociales, comunitarias y campesinas en distintas regiones del país.
Asimismo, se destacó el trabajo adelantado por las entidades públicas para fortalecer procesos organizativos, solidarios, comunitarios y populares, consolidando capacidades en los territorios y generando condiciones para una mayor participación de las organizaciones campesinas en los procesos de desarrollo económico y social.
Los avances presentados durante el Encuentro Campesino de Santander demuestran que los grandes desafíos del país pueden enfrentarse cuando comunidades, organizaciones sociales e instituciones públicas trabajan alrededor de objetivos comunes. La garantía del derecho humano a la alimentación, el fortalecimiento de la economía campesina y la construcción de sistemas alimentarios más justos son hoy el resultado de una apuesta colectiva que reconoce a los territorios como protagonistas de la transformación social.
La articulación entre organizaciones campesinas, economía solidaria y entidades del Estado evidencia que es posible construir soluciones sostenibles que generan bienestar para las familias, fortalecen la producción local y amplían las oportunidades para las comunidades rurales. Este trabajo conjunto ha permitido avanzar en la eliminación de intermediarios, promover precios justos para los productores, fortalecer la soberanía alimentaria y consolidar capacidades organizativas en los territorios.
Los resultados alcanzados reflejan el valor de un principio fundamental para la construcción de país: actuar juntos y llegar a tiempo. Una apuesta que demuestra que cuando el Estado, las organizaciones sociales, el campesinado y las comunidades unen esfuerzos alrededor de propósitos comunes, es posible transformar realidades, generar bienestar colectivo y construir una Colombia más equitativa, solidaria y con mayores oportunidades para todas y todos desde sus territorios.