¿Cómo hago para quitarle la patria potestad al padre o madre de mi hijo(a) ya que no ha respondido nunca por su cuidado?

Código FAQ
PTP01005
Respuesta:

Es el Juez de Familia, dentro de un proceso de privación de patria potestad, quien determina en cada caso concreto, si resulta viable y benéfico o no para el niño dicha privación. La Ley determina que se puede privar, entre otras causas, por las siguientes:

  • Maltrato habitual
  • Haber abandonado al hijo
  • Depravación
  • Estar privado de la libertad por un periodo superior a un año
  • Haber utilizar al hijo para la comisión de un delito

Para adelantar dicho proceso, si el interesado no tiene recursos suficientes para contratar los servicios de un profesional del derecho, puede acudir al Centro Zonal de Bienestar Familiar correspondiente al domicilio del niño(a) para que el Defensor de Familia inicie el proceso. Debe presentar Registro Civil de Nacimiento del niño(a), copia de su cédula de ciudadanía y las pruebas que demuestren los hechos que usted expone, tales como: documentos (certificaciones escolares, facturas de compra, contratos de arriendo, certificaciones médicas, etc.), nombres y direcciones de a quienes les conste que la única persona que ha cuidado del niño y cubierto todas sus necesidades ha sido usted, además que el padre o la madre demandado ha abandonado totalmente a su hijo; igualmente, debe llevar la dirección de la residencia y/o lugar de trabajo del padre o madre a demandar, si lo conociere; de lo contrario, manifestar que lo desconoce y solicitar su citación mediante aviso.

 

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Claves para identificar a un posible agresor sexual en la familia o cercano a ella y cómo actuar ante la sospecha

Claves para identificar a un posible agresor sexual en la familia o cercano a ella y cómo actuar ante la sospecha
Existen determinados comportamientos o actitudes que pueden encender las alarmas. Identificarlos a tiempo es clave.
La cifra es alarmante: tan solo entre enero y diciembre de 2019, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar abrió 14.032 procesos para restablecer los derechos de niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual.

De estos casos, un alto porcentaje de los delitos ocurrió en los entornos  más próximos a los menores de edad: sus hogares, sus barrios, sus colegios y otros lugares que normalmente frecuentan.

Y peor aún: la mayoría de los actos de violencia sexual hacia niñas, niños y adolescentes son cometidos por personas muy cercanas a ellos, incluso de su misma familia.

 “Hay estadísticas que  demuestran que muchos de  los abusadores son los padrastros, los abuelos, los tíos, los primos, los padrinos, los hermanos, e incluso, los mismos padres. No obstante, también pueden ser  profesores, vecinos, entrenadores, cuidadores o  personas que tienen un contacto constante los niños”, advierte Angélica Vera, referente en prevención de violencia sexual de la Dirección de Niñez y Adolescencia.

En este escenario, es fundamental que madres y padres aprendan a identificar cuáles son esas señales que pueden  prender las alarmas sobre la posible presencia de un agresor sexual en la familia o cercano a esta, de manera tal que puedan  actuar a tiempo y mitigar el riesgo.

No existe un perfil definido

Para empezar,  hay que tener en cuenta que no existe un perfil o un patrón específico para identificar a un agresor sexual.

De acuerdo con Luis Jesús Prada Moreno,  profesional especializado forense del Instituto Nacional de Medicina Legal, un pedófilo puede ser una persona de cualquier edad, sexo, condición social o económica, nivel educativo, profesión, raza, religión, condición física o cognitiva.

De acuerdo con Prada, existen algunas conductas del sujeto que pueden levantar sospecha y a las que se debe prestar atención como por ejemplo:
  • La insistencia por permanecer a solas con niños, niñas y adolescentes. Inventa cualquier excusa para lograrlo.
  • La preferencia por socializar con menores de edad por encima de los adultos.
  • Las muestras exageradas de cariño o de afecto en forma injustificada e inoportuna.
  • La compulsión a la pornografía ya sea a través de video o de revistas.
  • El haber estado involucrado o haber sido denunciado anteriormente por un abuso sexual.
  • El consumo problemático o el abuso de sustancias psicoactivas.

Cuando la confianza se convierte en un peligro


Que la mayoría de los casos de abuso sexual hacia niños, niñas y adolescentes ocurran en sus entornos más cercanos, tiene un común denominador: la confianza. Precisamente, por eso, suele ser  tan difícil identificar a tiempo una situación de riesgo.

De acuerdo con Prada, de Medicina Legal,  una de las cosas que el agresor desarrolla en el proceso de abuso es la confianza tanto con su víctima como con los cuidadores de esta.

Su objetivo es generar una atmósfera en la que sus intensiones pasen desapercibidas y logren ganar espacios de privacidad  donde, finalmente, puedan quedarse a solas con el menor de edad.

“Los agresores siempre buscan ganarse la confianza de la niña, niño o adolescente: intentan ser muy cercanos, se inventan actividades lúdicas y recreativas con el propósito de compartir mucho tiempo con su víctima; tienden a ser muy cariñosos y suelen dar regalos sin motivo alguno. También se valen de guardar secretos o de darles dinero a las niñas y a los niños como una forma sutil de manipularlos y extorsionarlos”, añade Angélica Vera, del ICBF.

Factores de riesgo

Los expertos en el tema coinciden en señalar algunos factores que incrementan el  riesgo de que una niña, niño o adolescente sea víctima de agresión sexual. Entre ellos se consideran los siguientes:
  • La falta de educación sexual desde temprana edad que impide que los niños aprendan a identificar los riesgos a los que están expuestos y que, por ende, no desarrollan acciones de autocuidado y establezcan límites con relación a las manifestaciones de afecto.
  • La inobservancia o la negligencia por parte de madres, padres o cuidadores a la hora de crear entornos protectores. Asimismo, el dejar solos a los niños por mucho tiempo.
  • La debilidad o carencia de vínculos afectivos entre los menores de edad y sus adultos significativos. Los agresores aprovechan este desequilibrio para llenar vacíos emocionales.
  • El hacinamiento en las viviendas.
  • La violencia intrafamiliar y el maltrato físico, verbal o psicológico hacia las niñas, niños y adolescentes que lesiona su autoestima y su seguridad, haciéndolos más propensos a ser víctimas de este delito.
  • Las condiciones de discapacidad física o cognitiva.

Los comportamientos de los niños también son una señal de alerta


Así como hay determinadas actitudes del agresor que deben llamar la atención de padres y cuidadores, las niñas, niños y adolescentes también manifiestan algunos cambios de comportamiento e, inclusive, cambios físicos que no se pueden pasar por alto.

Algunos de estos son:

- Conductas sexuales inadecuadas para la edad. Que un niño o niña demuestre tener un conocimiento acerca de las relaciones sexuales que no debería, que se toque con insistencia sus órganos sexuales, que haga representaciones de una relación sexual, por ejemplo, con sus pares o con un muñeco al que le hace movimientos con su pelvis, o que haga dibujos alusivos a una relación sexual es un claro indicador de que algo no va bien.

Aquí hay que indagar,  de forma amable, respetuosa y amorosa, “dónde aprendió eso, con quién o con quiénes lo aprendió, quién inició la actividad y cómo participa cada uno”, aconseja el profesional forense, Luis Prada.

- Cambios bruscos en su estado de ánimo. Cuando una niña, niño o adolescente es víctima de abuso sexual, generalmente, tiende a volverse introvertido, ansioso o agresivo.

En otros casos  puede mostrarse más extrovertido de lo normal. También debe llamar la atención la incomodidad o el temor que el niño o niña manifieste con respecto a un determinado adulto.

-Retrocesos en su desarrollo. Hay niños que, tras ser sometidos a situaciones estresantes, o a sucesos que les provocan angustia y temor, presentan retrocesos.

Por ejemplo, presentar problemas de control de esfínteres después de que ya habían aprendido a ir al baño, alteraciones en su lenguaje o motricidad, problemas para dormir y cambios inesperados en su rendimiento académico.

-Cambios físicos. Aunque la mayoría de las niñas, niños y adolescentes que son víctimas de abuso sexual no presentan señales corporales, en algunos casos sí es posible que se presenten pequeñas lesiones o cicatrices genitales o anales, dolor abdominal o en la región genital que deben ser consultados inmediatamente con el personal de salud.

A su vez, la aparición de algunas infecciones diagnosticadas con pruebas de laboratorio confirmatorias como, por ejemplo, la Chlamydia, la Sífilis, la Gonorrea, entre otras, así como la presencia de infecciones urinarias podrían hacer sospechar de un posible abuso sexual.

Por su parte, el embarazo en mejores de 14 años, de acuerdo con la ley colombiana, es una clara muestra de abuso sexual.

¿Qué hacer ante la sospecha?

Una vez la madre, el padre o el cuidador haya identificado alguna de las señales de alerta descritas anteriormente será clave realizar un abordaje adecuado de la situación empezando por acercase a la niña, niño o adolescente de forma amable, empática y cariñosa para así animarlo a hablar de la situación por la que está atravesando.

Es fundamental que al hacerlo el adulto esté sereno ya que si se muestra angustiado, desesperado o irascible, causará temor en el menor de edad y reducirá al mínimo las posibilidades de que la niña o el niño narre los hechos.
Para empezar el diálogo es esencial recordarle que su familia lo ama y que cuenta con todo su apoyo y su protección para superar cualquier problema o situación que le genere incomodidad.

 Si la niña, el adolescente, empieza a hablar es necesario escucharle atentamente, evitar presionarlo con demasiadas preguntas y ayudarle a comprender que nada de lo ocurrido es su culpa y que tampoco ha hecho nada malo, ya que quienes han atravesado por este tipo de experiencias, tienden a sentir culpabilidad o eso es lo que los agresores, en algunos casos, les han hecho creer.

“Los padres y cuidadores deben saber que la revelación de esta experiencia no es un evento sino un proceso. Los niños, niñas y adolescentes, por lo general van contando poco a poco. Así que más que preguntar, se trata de saber escuchar”, aconseja el profesional forense de Medicina Legal, Luis Prada.

Además, el experto recomienda no juzgar a la víctima mediante expresiones como  “¿por qué no me habías dicho antes?” o “¿por qué te quedaste callado?” y mucho menos, confrontarlo con el agresor ya que esto genera miedo y se corre el riesgo de silenciar al menor de edad quien puede terminar retractándose o negando los hechos.

Otro aspecto clave es creerles a las niñas, niños y adolescentes. Siempre.

“Lamentablemente, ellos muchas veces informan que están siendo víctimas y los padres no les creen. Eso hace que pierdan la confianza al tiempo que le abren el camino al agresor para seguir violentándolos, sencillamente, porque no hay un entorno protector”, explica la referente en prevención del abuso sexual del ICBF, Angélica Vera.

En lugar de ello lo correcto será agradecerle a la niña, niño o adolescente por haber compartido su experiencia, reafirmarle que cuenta todo el apoyo necesario y asegurar su protección inmediata retirando el contacto con el posible agresor.
Para ello, se deberá buscar orientación profesional reportando el caso al la línea nacional 141 del ICBF, a las Defensorías o Comisarías de Familia, a la Policía o a la Fiscalía para activar cualquiera de las rutas de atención y denuncia. De esta forma, las autoridades pertinentes determinarán la responsabilidad del presunto agresor
 
 

Conozcamos más sobre la convivencia

La palabra convivencia significa vivir con otros y otras; compartir un mismo espacio o entorno, esto constituye un desafío ya que la gran riqueza que tenemos como sociedad es ser diferentes. En Mis Manos Te Enseñan queremos compartirte estas reflexiones.
Imagina lo aburrido que sería que todas las personas fueran iguales…

Sin embargo, esa riqueza (la diferencia) nos lleva a que se puedan presentar conflictos. El desafío entonces que tenemos como individuos y como sociedad es tramitar esos conflictos de una manera armónica y pacífica. Solo viviendo en paz se pueden garantizar los derechos de todas y todos. En ambientes de convivencia hostiles y violentos, la posibilidad de sobrevivencia de las personas es baja y su vulnerabilidad muy alta.

Por ello, convivir en paz es el gran objetivo para vivir en tranquilidad, felicidad, armonía y en derechos.

Pero ... ¿cómo lo logramos una convivencia pacífica?

Para que podamos vivir pacíficamente, se requiere que entre todas y todos nos respetemos, reconozcamos que somos diferentes y diversos, pero a la vez que todos merecemos vivir. Es así como es necesario que:
  • Nos escuchemos, nos apoyemos, construyamos tejido social basado en la solidaridad, la protección, cooperación y buen trato.
  • Nos reconozcamos como personas con emociones, permitiéndonos así identificar lo que sentimos y canalizar nuestras respuestas de manera asertiva.
  • Seamos empáticos; esto quiere decir que podamos reconocer que las otras personas también sienten y que se pueden ver afectadas por mis acciones o mis respuestas. Ser capaz de ponerme en lugar de los otros para comprender sus emociones.
Otras acciones simples que permiten fortalecer la convivencia son:
  • Tener buen trato con quienes nos relacionamos; no caer en la trampa de replicar acciones que puedan herir, humillar o hacer sentir mal a los demás, esto implica no validar a quienes sí lo hagan.
Por último, no olvides informar a tu padre, madre, persona cuidadora, docentes o alguna persona de confianza, siempre que presencies o seas víctima de actos humillantes, ofensivos, agresivos o violentos.
Entre todas y todos, con pequeñas acciones y la gran motivación que implica la paz, logramos una convivencia pacífica. Y tú ¿cómo quisieras aportar?
 

¿Qué alimentos debo darle a mi bebé a partir de los 6 meses?

La introducción de nuevos sabores en la dieta del bebé es un proceso que requiere paciencia, constancia y amor. Aquí te presentamos una práctica guía para iniciar el proceso.
 
 
 

Desde la primera hora de su nacimiento y hasta los seis meses de edad, tu bebé debe ser alimentado exclusivamente con leche materna. No necesita ningún otro alimento, ni siquiera agua. La leche materna es un alimento tan poderoso que provee todos los nutrientes que tu bebé requiere para desarrollarse plenamente y crecer sano y feliz.

 
 

Sin embargo, toda vez que tu bebé cumple sus primeros seis meses, la lactancia materna exclusiva deja de ser suficiente para atender sus necesidades nutricionales y es necesario comenzar a incluir nuevos alimentos complementarios en su dieta.


De hecho, es solo hasta ese momento que el organismo de tu bebé tendrá la madurez necesaria a nivel neurológico, renal, gastrointestinal, inmunológico para tolerar la ingesta de alimentos diferentes a la leche materna.
 
Pero no siempre los cuidadores saben cómo introducir los alimentos correctos en el momento adecuado, con las texturas indicadas para la edad del niño, y en la cantidad y la variedad suficiente.
 
Este desconocimiento o falta de información con respecto a prácticas de alimentación adecuadas contribuye, entre otros factores, a que los niños y niñas menores de 5 años sean altamente vulnerables a padecer malnutrición.
 
Para prevenir ese riesgo y resolver las dudas e inquietudes más frecuentes con respecto a la alimentación complementaria, hemos desarrollado una guía orientadora sobre todo lo que debes tener en cuenta con respecto a la alimentación de tu niña o niño a partir de los 6 meses y hasta los 2 años.
 
Las pautas que aquí te presentamos son tomadas de las ‘Guías Alimentarias Basadas en Alimentos para las mujeres gestantes, madres lactantes y niños y niñas menores de 2 años’.
 
Así sabrás qué alimentos puedes ofrecer al bebé en cada etapa de su desarrollo, a partir de los primeros 6 meses de vida, en qué cantidades y en qué presentaciones.
 
 

Conoce la fórmula ideal para desinfectar frutas y verduras a la hora de cocinar

 
Recomendaciones generales
 
 
6 a 8 meses

-Ten en cuenta que la frecuencia de las comidas debe ser progresiva, hasta llegar a tres comidas diarias a los 8 meses.
-Ofrece un alimento nuevo a la vez junto con uno ya conocido cada 2 a 4 días, según la tolerancia del bebé.
-Inicia con 4 a 6 cucharadas postreras por comida, hasta llegar gradualmente a media taza (4 onzas).
-Ofrece comidas muy espesas tipo puré hasta que aparezca la habilidad de masticar.
 
 
9 a 11 meses
 
-Empieza a ofrecer alimentos finamente picados, machacados y que el bebé pueda coger con la mano.
-Evita aquellos que por su forma ocasionen riesgo de atoramientos como uvas, nueces o trozos granes de zanahoria o manzanas.
-La cantidad de alimentos por comida debe ser de media taza (4 onzas).
-Ofrece al menos 3 comidas diarias y uno o dos refrigerios de acuerdo con el apetito de tu bebé.
 
 
12 a 23 meses
 
- Continúa dando de lactar las veces que el niño o la niña quiera, después de las comidas.
- Ofrece variedad de alimentos sólidos con diversas texturas: pueden ser picados en trozos pequeños, desmechados o molidos.
- La cantidad de alimentos para comida principal debe ser de 1 taza o plato (8 onzas).
- Ofrece al menos 3 comidas diarias y, de acuerdo con el apetito de tu bebé, uno o dos refrigerios.
- No ofrezcas productos procesados como los de paquete, bebidas azucaradas y embutidos, entre otros.
  
 
 
En todos los casos:
 
- Permite que tu bebé agarre con sus propias manos los alimentos mientras come y, si es necesario, deja que se ensucie, para que experimente de forma segura las texturas, olores y sabores.
- Recuerda ofrecer los alimentos despacio y con paciencia, animando a tu bebé a comer de forma amorosa y positiva.
- Cuando introduzcas un nuevo alimento, ofrécelo varias veces y en diferentes preparaciones para favorecer su aceptación.
- Ofrece frutas y verduras que sean de tu región de residencia y que estén en cosecha.
- Prefiere siempre los alimentos preparados en casa.
- No adiciones sal, azúcar, ni condimentos a las preparaciones.
- No olvides ofrecer a las niñas y niños la diversidad de alimentos propios de su territorio.
- Incluye diariamente en las comidas una porción de alimentos de origen animal como carnes, vísceras, huevos y quesos frescos.
- No ofrezcas carnes frías como salchichas, jamón, mortadela, salchichón, entre otros.
-Recuerda que tu bebé debe tener su propia cuchara, vaso y plato.
- En el momento de la alimentación evita el uso de la televisión, teléfono y otras distracciones.
-Haz de las comidas un momento para compartir en familia y establece horarios de alimentación para que tu bebé desarrolle una rutina que luego, transforme en hábito.
- Para el desarrollo de las niñas y los niños promueve actividades que involucren el juego y el movimiento.
 
 
Guía para la introducción de alimentos para niños y niñas de 6 a 23 meses*
 
*Tomado de las ‘Guías alimentarias basadas en alimentos para mujeres gestantes, madres en período de lactancia y niños y niñas menores de 2 años de Colombia’.



Bienestar Familiar y el Ministerio de Educación Nacional consolidan rutas para la universalización de la educación inicial en el Cauca

Cauca

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y el Ministerio de Educación Nacional (MEN), en articulación con el Sistema Nacional de Bienestar Familiar (SNBF) adelantaron una jornada de balance y consolidación de rutas de trabajo para la universalización de la educación inicial en el departamento del Cauca. El encuentro reunió a representantes de los municipios priorizados de Santander de Quilichao, Miranda, Piendamó, Argelia y Balboa, con el propósito de avanzar en la garantía del derecho a la educación inicial en el marco de la atención integral.

 

Durante la jornada se presentaron los avances derivados de los encuentros municipales de universalización desarrollados entre mayo y septiembre de este año, los cuales permitieron:

  • Identificar la capacidad instalada de cada sector para organizar la atención en los dos ciclos de la educación inicial en sus territorios, garantizando a todas las niñas y los niños el derecho a la educación.

  • Reorganizar la oferta en coherencia con las necesidades territoriales y capacidades de cada sector, promoviendo la complementariedad y la continuidad en la trayectoria educativa.

  • Definir estrategias para mejorar la calidad de la educación inicial, fortalecer las prácticas pedagógicas y las acciones de cuidado y crianza.

  • Fortalecer la articulación intersectorial para garantizar la atención integral a niñas y niños de primera infancia.

     

Este ejercicio de lectura territorial permitió consolidar planes de acción municipales que recogen propuestas y estrategias orientadas a garantizar que las niñas y los niños desde la gestación hasta los cinco años, cuenten con educación inicial pertinente y de calidad, con el trabajo articulado de los distintos sectores que hacen posible la atención integral.

 

Con estos avances, el Cauca se proyecta como referente nacional en la construcción de una ruta hacia la universalización de la educación inicial, reafirmando el compromiso del Estado con la garantía de que cada niña y cada niño inicie su trayectoria educativa con oportunidades integrales desde la primera infancia.

 

El encuentro contó con la participación de los gobiernos locales de los cinco municipios priorizados, representantes del sector educativo en los niveles departamental y municipal, profesionales de la Regional Cauca, y delegados de COMFACAUCA, UNICEF, y Prosperidad Social. La jornada fue liderada por las Direcciones de Primera Infancia del ICBF y del Ministerio de Educación Nacional, junto con la Dirección del Sistema Nacional de Bienestar Familiar (SNBF).

 

Actividades de Bienestar