Durante esta jornada, las niñas, niños y adolescentes participaron en la construcción de la Casa Nasa, aprendieron a elaborar ollas de barro como acto simbólico de armonización y compartieron alrededor de la Tulpa, espacio ancestral donde se transmite la palabra, se teje la memoria y se reafirma la identidad colectiva.
El encuentro permitió que las «Semillas de vida» –niñas, niños y adolescentes– se acercaran a las prácticas ancestrales, fortaleciendo su identidad, arraigo y sentido de pertenencia, al tiempo que vivenciaron la relación respetuosa con la tierra, sus frutos y los rituales cotidianos. La participación activa de la comunidad evidenció que la crianza, el cuidado y la protección de la niñez no son responsabilidades individuales, sino procesos colectivos que se construyen desde el intercambio, la corresponsabilidad y la cooperación.
La integración de los saberes comunitarios con la acción técnica del Bienestar Familiar fortalece estrategias de protección integral que nacen del territorio y responden a sus realidades, generando entornos seguros y respetuosos donde niñas y niños crecen en armonía con su cultura, su historia y su comunidad. Esta experiencia demuestra que cada acción concertada siembra semillas de vida que florecen en comunidad, proyectando un futuro con identidad, bienestar y esperanza, y evidenciando cómo la articulación entre la institucionalidad y los saberes propios fortalece el tejido social del territorio.