En este espacio se destacó el aporte conjunto de actores de sectores como la salud, la ciencia, el deporte, la recreación, el comercio, el arte, la cultura, servicios logísticos, servicios públicos domiciliarios y otros ámbitos clave del desarrollo social. Asimismo, se valoró el trabajo coordinado con entidades de cooperación internacional y con organismos nacionales e internacionales que trabajan en favor de la niñez y la adolescencia en áreas como la prevención de trata de personas y la explotación sexual comercial, la prevención del reclutamiento y otras formas de violencia, el acompañamiento a procesos migratorios y la promoción de la alimentación en comunidades en situación de mayor vulnerabilidad. También se resaltó el aporte de entidades del Estado vinculadas a la convivencia y la seguridad ciudadana, la restitución de derechos de las víctimas del conflicto armado y otros campos estratégicos para la protección integral.
A cada aliado se le entregó el reconocimiento «Colibrí tejedor de esperanza», símbolo del trabajo incansable, agilidad, persistencia y el compromiso para llegar a los territorios. Esta pieza fue elaborada por el pueblo indígena camëntsá del Putumayo, en madera de palo sangre amazónico, un material fuerte y resistente que nace en el corazón de ese territorio y que guarda en sus vetas la memoria de la vida y la permanencia.
Durante el evento, Adriana Velásquez Lasprilla, subdirectora general de Bienestar Familiar, señaló que los retos continúan siendo enormes y afirmó que «donde haya una niña o un niño esperando una luz de esperanza, allí debe estar la entidad», destacando la importancia de seguir fortaleciendo el trabajo coordinado entre instituciones, organizaciones y comunidades, para cumplir con la corresponsabilidad frente al ejercicio de los derechos.
Para el Bienestar Familiar el respaldo de actores del sector solidario y privado, de entidades de cooperación internacional, de organismos nacionales e internacionales y de entidades del Estado es muy importante para avanzar en la protección y garantía de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Los avances alcanzados gracias a este trabajo articulado, reflejan un esfuerzo colectivo al servicio del cuidado de la vida, el fortalecimiento territorial y la construcción de esperanza.