Ningún niño o niña nace para la guerra

Bogotá, D. C.
Ningún niño o niña nace para la guerra

El Bienestar Familiar recibe con profundo dolor la información dada a conocer por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses sobre la identificación de las víctimas fallecidas en los enfrentamientos ocurridos el pasado 27 de mayo en zona rural de San José del Guaviare. Saber que entre ellas hay once niñas, niños y adolescentes nos parte el corazón. Once seres humanos con nombres, con sueños, con familias que hoy lloran su ausencia.



Ningún niño debería morir en una guerra. Ninguna niña debería ser arrancada de su hogar para ser usada en un conflicto que no le corresponde. Lo que ocurrió en San José del Guaviare no es una cifra: es una herida abierta en la conciencia del país, y el Bienestar Familiar la siente como propia.

 

Rechazamos con toda la fuerza de nuestra convicción cualquier forma de reclutamiento, uso o vinculación de niñas, niños y adolescentes por parte de actores armados. Estas prácticas son crímenes. Son una traición a la infancia y una afrenta a la dignidad humana.

 
 

La directora general del Bienestar Familiar ha sido enfática en este llamado: «Dígannos dónde están los niños, entréguennoslos y nosotros vamos por ellos». Un compromiso que esta institución reitera hoy con más fuerza que nunca, porque detrás de cada niño rescatado hay una historia de vida que merece ser reconstruida.

 
 

Y esas historias existen. En los últimos cuatro años, 1.305 niñas, niños y adolescentes han sido devueltos a la vida. Rescatados de los brazos de la guerra, cada uno de ellos ingresó al Programa de Atención a Niñas, Niños y Adolescentes Desvinculados del Conflicto Armado del Bienestar Familiar, un espacio de acogida, sanación y oportunidades donde la infancia robada comienza, poco a poco, a recuperarse. 1.305 razones para seguir trabajando. 1.305 razones para no rendirnos.


 

 

Pero la labor del Bienestar Familiar no se detiene en quienes ya fueron víctimas del conflicto. También hay historias que logramos escribir a tiempo. En los últimos cuatro años, 1.219 niñas y niños ingresaron al sistema de protección especial del Instituto por amenaza de reclutamiento o amenaza contra su vida. 


Niñas y niños que estaban en la mira de la guerra, pero que no llegaron a caer en ella. Los alcanzamos antes. Los protegimos a tiempo. Cada uno de ellos representa una historia que no tuvo que romperse, una infancia que no tuvo que perderse, una vida que la institucionalidad colombiana pudo defender antes de que fuera demasiado tarde. Porque en la Colombia del cambio, proteger a la niñez no es una opción, es una obligación del Estado con su pueblo.

 
 

El Bienestar Familiar activó los mecanismos de seguimiento necesarios y continuará trabajando junto a las entidades competentes para proteger y acompañar a quienes han sido afectados por esta violencia. Pero más allá de los protocolos, hoy queremos decirle a Colombia: no nos acostumbremos. Cada niño que pierde la vida en el conflicto armado debe indignarnos, movilizarnos y recordarnos por qué la paz es urgente e inaplazable.

 
 

A los actores armados les pedimos, con la misma firmeza con que abrazamos a la niñez colombiana: mantengan a los niños y las niñas al margen. Siempre. Sin excepciones. Colombia está cambiando, y en ese cambio, la vida de cada niña y cada niño es sagrada e innegociable.

Instituto Colombiano de Bienestar Familiar - ICBF Comunicaciones

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