Comprender la diversidad desde la primera infancia: un compromiso de todas y todos
En compañía de niños y niñas, tómense unos minutos y observen sus manos en detalle, miren los distintos tonos de la piel que encuentran en ellas, las distintas líneas y sensaciones que perciben, el largo de los dedos y pregúntense: ¿qué los hace únicos y particulares en este mundo?

Quédense con la sensación de que encuentran en ustedes a unas criaturas diversas, particulares y que, a la vez, necesitan de otras y otros para comprender su propia diversidad.

Ahora, piensen en su familia, en las historias que los unen y en aquellas que marcan características esenciales en cada uno, en las capacidades de cada persona, en las distintas formas de actuar y de ser que están presentes en la cotidianidad de sus vidas y piensen si esta diversidad ha sido una barrera en la vida familiar o una oportunidad para relacionarse.

Vayan un poco más lejos e imaginen las diversas regiones y culturas que habitan este país: conéctense con la región de donde provienen y resalten aquello que los hace sentir parte de esta, aunque ya no vivan allí.

Recuerden los distintos grupos y comunidades que, desde sus formas de ver y sentir la vida, nos muestran otros caminos que a veces pueden asustarnos o simplemente no los comprendemos. Aún así, cuando nos damos la oportunidad de reconocerlos desde el respeto y la posibilidad de no estar de acuerdo siempre, encontramos otras formas de convivir.