Aprende cómo corregir un mal comportamiento sin maltrato ni violencia
La autoridad sí se puede y se debe ejercer positivamente, sin abuso y sin vulnerar la dignidad de niñas, niños y adolescentes. Te contamos cómo lograrlo.
Cuando se trata de educar a niñas, niños y adolescentes, muchas madres, padres y cuidadores enfrentan un dilema emocional.
 
Por un lado, están aquellos que temen corregir a sus hijos porque creen que si lo hacen van a perder confianza y su cariño y los van a comenzar a ver como figuras “gruñonas”.
 
Por otro, están quienes erróneamente creen que, si abordan a los niños sin mostrarse enfadados, impositivos o, incluso, agresivos, terminarán perdiendo el control y la autoridad.
 
Lo cierto es que ni la permisividad, ni el autoritarismo, ni el maltrato físico o psicológico funcionan a la hora de reorientar positivamente los comportamientos de niñas, niños y adolescentes.
 
 
“Cuando utilizamos el grito, la humillación, la descalificación, el pellizco, la palmada o el halón de orejas, le estamos enseñando a las niñas, niños y adolescentes que la violencia es un medio para resolver los conflictos y lograr lo que queremos – explica Liliana Orjuela López, psicóloga clínica, máster en Derechos de la Infancia y referente técnica de prevención de violencia intrafamiliar del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).
 
Entonces, ¿es posible corregir el comportamiento de un niño o de un adolescente sin llegar al maltrato? La respuesta de los expertos en crianza positiva es contundente: no solo es posible sino mucho más sano y más efectivo.
“La autoridad sí se puede y se debe ejercer positivamente, sin abuso, sin violencia y sin vulnerar su dignidad”, afirma Orjuela.  ¿Cómo?
 
Existen estrategias o alternativas respetuosas ante un mal comportamiento que como madre, padre o cuidador puedes aplicar a diario en tu hogar.
 
Alternativas respetuosas ante un mal comportamiento
 
1.Regula tus emociones
 
Antes de abordar a un niño o a un adolescente para corregir una conducta reflexiona sobre la emoción que te produce ese comportamiento ¿rabia?, ¿frustración?, ¿impotencia? Si ese sentimiento te desborda lo mejor será respirar profundo y esperar a que la calma retorne a ti.
 
“Es importante que al momento de corregir estemos tranquilos ya que de esta manera podremos sostener una comunicación respetuosa en donde todos estemos dispuestos a escucharnos, respetarnos y comprender lo que está ocurriendo”, aconseja Gigi Núñez, conferencista certificada de disciplina positiva por la Asociación de Disciplina Positiva de Estados Unidos.
 
 
2. No te lo tomes como algo personal
 
En la mayoría de las ocasiones las niñas, niños y adolescentes que tienen comportamientos inadecuados no pretenden molestar al adulto, sino que lo hacen porque no tiene otros recursos emocionales en ese momento, no han aprendido a regular sus impulsos o, simplemente adoptan una mala conducta como una forma de comunicación frente a una situación que los hace sentir mal.
 
3. Crea un ambiente de respeto mutuo
 
Para educar no hay necesidad alguna de hacer sentir mal al otro. La clave en el establecimiento de normas siendo firmes y, a la vez, amorosos. Por lo tanto, la doctora Leydi García recomienda hablar con los niños sobre los comportamientos inadecuados en privado, sin humillarlos, ni hacerlos sentir mal.
 
4. Crea una conexión emocional y empática
 
Es importante que trates de comprender qué puede estar causando una determinada conducta en la niña, el niño o el adolescente ¿Tendrá hambre, cansancio o sueño? ¿Estará nervioso o estresado por algo?
 
Se trata de ponerte en los zapatos de tu hijo para detectar la necesidad que está detrás de ese comportamiento, es decir, intentar ir al fondo del asunto hasta descubrir qué fue lo que lo motivó a actuar de esa manera.
 
“En lugar de preguntarle a tu hijo ¿por qué hiciste eso? es mejor decirle ¿qué estabas sintiendo que te hizo comportarte así? o ¿cómo te sentías en ese momento?
 
5. Descifra la creencia equivocada que está detrás del mal comportamiento
 
El paso anterior te permitirá identificar si, quizá, existe una creencia detrás de ese mal comportamiento. “Muchas veces, este tipo de conductas están basados en la necesidad fundamental que tienen los niños de pertenecer y de sentir que son importantes y significativos”, advierte, María Alejandra Betancur Ortiz, licenciada en educación infantil, magíster en neuropsicología y entrenadora para padres y maestros en disciplina positiva.
 
6.  Dirígete a la conducta sin tocar el ser
 
Céntrate en la conducta y evita a toda costa etiquetar, generalizar y humillar. Esto ayuda a crear un entorno de respeto mutuo.
 
Por ejemplo, en lugar de decirle a tu hijo “¿es que eres tonto? ¿será que nunca aprenderás que no se juega con la pelota dentro de la casa?” dirígete a la conducta: “dentro de la casa no se juega con la pelota, sé que aprenderás de esta situación, recuérdame ¿cuáles son los lugares en donde puedes jugar?”.
 
Así mismo, en lugar de decirle a un niño que es un grosero, podemos decirle “ese comportamiento no es aceptable. Vamos a mejorarlo”.
 
6. Ayúdale al niño, niña o adolescente a reflexionar sobre sus actos y anímalo a proponer soluciones
 
Hazles preguntas de curiosidad que lo lleven a comprender cuáles son los efectos y las consecuencias de sus decisiones.
 
Pregúntale, por ejemplo, ¿por qué crees que lo que hiciste estuvo mal?, ¿cómo crees se sintió esa persona? (en caso de que haya ofendido o maltratado a alguien) y ¿cómo crees que puedes reparar el daño que causaste?, ¿Qué podemos hacer al respecto?
 
Si el niño, niña o adolescente cuenta con normas claras y conoce anticipadamente las consecuencias de infringirlas, lo más probable es que sepa cómo debe aportar para resolver la situación.
 
 
7. Cuida tus palabras
 
Por ningún motivo utilices expresiones como te “portaste mal, ya no te quiero”, “me decepcionas", "no te quiero ver ahorita", “no quiero hablar contigo” o “estoy harto de tu comportamiento”.
 
Estas frases generan en los niños y adolescentes el miedo de no ser amados, promueven sentimientos de abandono y deterioran su autoestima y su seguridad.
 
8. Usa consecuencias educativas en lugar de castigos
 
“Los niños deben aprender a pedir disculpas y a reparar. Deben tener un acto bondadoso con el otro si es que lo hirieron o lo hicieron sentir mal con su comportamiento”, advierte Liliana Orjuela, del ICBF.
 
Por ende, las consecuencias deben ser coherentes con el comportamiento, razonables, y acordes con la edad. “Por ejemplo, si el niño rompió una porcelana o un jarrón ¿qué tiene que ver dejarlo sin ver televisión toda la tarde? Esto no le permite reparar.
 
 Lo correcto sería que, con la supervisión de un adulto, ayude a limpiar el desorden creado y que luego genere una acción restaurativa, como ahorrar una parte de su mesada, para ayudar a comprar uno nuevo”, explica la experta.