En Bucaramanga se encuentra Samuel, un niño de 11 años de origen venezolano. Samuel llegó a Colombia hace un par de meses con su mamá, Antonia, y su hermana menor, Sofía. Su tránsito y cruce de la frontera fue difícil debido a su nivel de vulnerabilidad y falta de recursos económicos. Durante el trayecto, Samuel se sintió muy asustado, desorientado y siempre con un alto estrés por todos los riesgos a los que se enfrentó con su familia
(Esta historia es un relato basado en un caso real para ejemplificar lo que les sucede a muchos niños, niñas y adolescentes migrantes víctimas de discriminación por su procedencia o país de origen).
 
Una vez llegaron a Bucaramanga, Samuel se sintió más tranquilo y feliz de estar en una ciudad diferente y bonita. Rosa y Federico, amigos de su mamá, los estaban esperando y todas sus dificultades parecían quedar en el pasado. En su nueva casa, contaban con una habitación para ellos y Samuel logró dormir tranquilo, por primera vez después de varias semanas.
 
Sin embargo, una semana después de haber llegado, Rosa entra muy alterada a la casa y le comenta a Antonia y Federico que dos hombres la abordaron en la calle y le dijeron “no queremos venezolanos por aquí, tienen dos días para irse a su país o los vamos a sacar a la fuerza”, la empujaron y se llevaron el paquete de comida que ella llevaba. Samuel se sintió de nuevo muy nervioso y con ganas de llorar.
 
Ese mismo día, con lágrimas en sus ojos, Antonia llamó a Andrea, otra amiga suya que también se encontraba en Bucaramanga, le contó lo que estaba pasando y ella le dijo que, a pesar de estar muy apretada en su hostal, la podía recibir con sus hijos en una semana. Durante los días siguientes y en espera de poder trasladarse al hostal de Andrea, Samuel y su hermanita no pudieron salir al parque y Rosa, Federico y Antonia sufrieron más amenazas en el barrio, al punto de recibir, incluso, insultos y empujones de los vecinos.
 
Finalmente llegó el día de irse de allí, pero para sorpresa de todos, la amiga de Antonia ya no contestaba el teléfono y lo único que tenían era una dirección de un lugar que ninguno de ellos conocía. Federico entonces decidió hablar con la Policía y exponer la situación; todos tenían mucho miedo, pero sabían que no podrían permanecer más tiempo en ese lugar. Antonia lloraba mucho y Samuel estaba muy triste, no podía hablar; su hermanita Sofía no comprendía lo que pasada y lloraba con mucha facilidad.
 
El agente de la Policía que escuchó el relato, llamó a la alcaldía de la ciudad y logró identificar un lugar donde podrían hospedarse por unos días. Como se trataba de un lugar exclusivo para adultos, el policía le dijo a Antonia: “los niños tienen que ir al ICBF mientras ustedes se ubican en un lugar más estable”. Antonia accedió y le explicó a Samuel y a Sofía que su separación sería temporal.
 
Al llegar a este hospedale de la alcaldía, los adultos lograron tener un poco de descanso y denunciar ante las autoridades competentes, los actos de xenofobia de los cuales fueron víctimas. Samuel y Sofía fueron con su madre a un centro zonal del ICBF. Allí, un equipo de profesionales los entrevistó y les explicó que los niños estarían bajo el cuidado del Estado solamente por las circuntancias especiales de Antonia y, que tan pronto el peligro se superara y ella encontrara un espacio para los tres, los niños regresarían con su madre.
 
Sofía y Samuel se sentían inseguros y nerviosos, pero Antonia les explicó que estarían en contacto todos los días y que pronto volverían a estar juntos. Los dos niños fueron a un hogar sustituto del ICBF y Samuel, después de varios días, volvió a sentirse tranquilo y a salvo con su hermana en este hogar. Luego de tres semanas, Antonia encontró un trabajo para cubrir el alquiler de una habitación en un barrio donde le aseguraron que la comunidad era amable y no se presentarían dificultades de seguridad, por lo que decidió contactar al ICBF y exponer su nueva situación de vida.
 
Ese mismo día dialogó con el grupo de profesionales a cargo de sus hijos y acordaron visitas a este nuevo lugar. Una vez superada esta etapa en la que se evaluaron sus nuevas circunstancias, Sofía y Samuel fueron recogidos en el hogar sustituto y llevados a su nuevo hogar con su mamá, Antonia.
 
La xenofobia no solamente se refiere a actitudes o discursos despectivos frente a aquellas personas que provienen de otros países, también se traduce en acciones que, en muchas oportunidades, son violentas y discriminatorias y afectan los derechos de esta población, al punto de privarlas de oportunidades y exponerlas a riesgos en su integridad física y mental. 
 
Si conoces el caso de un niño, niña o adolescente migrante en presunta situación de vulneración de sus derechos, debes reportarlo a la Línea Gratuita Nacional del ICBF 01 8000 91 80 80, Línea de Atención 141, de manera presencial en la Sede de la Dirección General ubicada en Bogotá en la Av. Carrera 68 # 64C – 75, en cualquiera de las 33 direcciones regionales o sus respectivos centros zonales. Para más información sobre los puntos de atención del Instituto, haz clic aquí