Quédense con la sensación de que encuentran en ustedes a unas criaturas diversas, particulares y que, a la vez, necesitan de otras y otros para comprender su propia diversidad.
Ahora, piensen en su familia, en las historias que los unen y en aquellas que marcan características esenciales en cada uno, en las capacidades de cada persona, en las distintas formas de actuar y de ser que están presentes en la cotidianidad de sus vidas y piensen si esta diversidad ha sido una barrera en la vida familiar o una oportunidad para relacionarse.
Vayan un poco más lejos e imaginen las diversas regiones y culturas que habitan este país: conéctense con la región de donde provienen y resalten aquello que los hace sentir parte de esta, aunque ya no vivan allí.
Recuerden los distintos grupos y comunidades que, desde sus formas de ver y sentir la vida, nos muestran otros caminos que a veces pueden asustarnos o simplemente no los comprendemos. Aún así, cuando nos damos la oportunidad de reconocerlos desde el respeto y la posibilidad de no estar de acuerdo siempre, encontramos otras formas de convivir.


















