La escena quizá te parezca familiar: has repetido la misma orden varias veces, tu paciencia está llegando a su límite y sientes que tus hijos no atienden a tus indicaciones. Te sales de casillas y profieres uno o varios gritos. Sin embargo, debes saber que los gritos no educan y, por el contrario, deterioran los vínculos entre padres e hijos y generan consecuencias negativas en el desarrollo socioafectivo de las niñas y niños. Lo peor del caso es que los gritos constituyen una forma de violencia verbal hacia niñas y niños que genera profundos efectos negativos. Conócelos y comprende por qué no debes recurrir a ellos para comunicarte.
Si bien es usual que, ante un grito, las niñas y los
niños frenen momentáneamente sus
comportamientos o atiendan la instrucción dada,
en realidad lo hacen por el temor que les genera
la reacción aireada del adulto y no porque sean
conscientes de la necesidad de cumplir normas y
límites



















