José Daniel reconstruye su camino y demuestra que siempre es posible empezar de nuevo
· En La Guajira, las prácticas de justicia restaurativa permiten que adolescentes fortalezcan sus proyectos de vida, reconstruyan vínculos familiares y avancen desde la responsabilidad y la reconciliación.
A sus 17 años, José Daniel habla con seguridad, mira de frente y se permite sonreír. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que el silencio marcaba sus días, las palabras no salían y las emociones parecían quedarse guardadas.
«Era muy callado, no hablaba con nadie», recuerda su madre, Rosa González.
José Daniel, perteneciente a una comunidad indígena wayuu de origen venezolano, llegó al proceso de atención del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes (SRPA), como un joven tímido, retraído y con dificultades para expresar lo que sentía. En su entorno familiar, las relaciones estaban fracturadas y el diálogo era casi inexistente, lo que hacía aún más difícil comprender y asumir lo ocurrido.
Sin embargo, su historia comenzó a transformarse.
A través de las prácticas de justicia restaurativa, centradas en el diálogo, la escucha activa, la responsabilización y la reparación del daño, el joven inició un camino distinto. Un proceso que no solo le permitió reconocer sus errores, sino también entender el impacto de sus acciones y reconstruir sus vínculos. «Lo más importante que he aprendido es a pensar antes de actuar; ahora me expreso mejor y no quiero volver a cometer el mismo error», cuenta.
El cambio no fue inmediato, pero sí constante. Espacios de acompañamiento psicosocial, círculos de diálogo y actividades formativas como diplomados y talleres le permitieron fortalecer su personalidad, ganar confianza y proyectarse hacia el futuro.
«Él cambió bastante. Ahora está pendiente de sus cosas, de sus estudios, ya no pone excusas», afirma su madre, destacando también la reconciliación lograda en el hogar y la mejora en la comunicación.
Desde el acompañamiento institucional, este proceso ha estado orientado a generar espacios seguros donde el joven pueda reflexionar, asumir responsabilidades y avanzar en la construcción de un proyecto de vida más consciente. Hoy, José Daniel no solo reconoce el error como un hecho que no se debe repetir, sino como una oportunidad para aprender y transformar su historia.
Actualmente, se encuentra enfocado en sus estudios, con metas más claras y con la convicción de que puede salir adelante. Su experiencia también se convierte en mensaje para otros jóvenes: «Que piensen antes de actuar. Eso es muy importante», aconseja.
Historias como la de José Daniel evidencian que, cuando hay acompañamiento, escucha y oportunidades, es posible transformar realidades, fortalecer familias y abrir caminos hacia la reconciliación.
En La Guajira, Bienestar Familiar continúa promoviendo prácticas que permiten a niñas, niños, adolescentes y jóvenes reconstruir sus proyectos de vida desde el diálogo, la responsabilidad y el reconocimiento, aportando así a la construcción de entornos más protectores y comunidades más solidarias.
(fin/scs/aas)






















