Deisy Guanaro: del dolor de la guerra al compromiso de proteger a la niñez

Bogotá, D. C.
Deisy Guanaro: del dolor de la guerra al compromiso de proteger a la niñez

Diecinueve años después de salir del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Deisy Dorelly Guanaro Chavita vuelve a cruzar las puertas de la entidad que la recibió cuando era adolescente, pero esta vez, lo hace desde un lugar completamente distinto. Llegó entonces como una niña desvinculada de un grupo armado, profundamente afectada física y emocionalmente por las violencias que sufrió durante el conflicto.


Hoy regresa al ICBF con una convicción que repite a lo largo de su historia: «Ya no soy víctima. Soy una mujer sobreviviente». Ahora quiere convertir su experiencia en una herramienta para prevenir que la niñez y la adolescencia sean víctimas de reclutamiento.

 

Su paso por el Sistema de Protección duró cerca de cuatro años. Primero estuvo en un hogar transitorio y posteriormente en una casa hogar en Floridablanca, Santander, donde estudió hasta noveno grado, adelantó formación técnica y recibió acompañamiento médico y psicosocial. De esa época guarda gratitud hacia profesores, psicólogos y trabajadores sociales, especialmente hacia educadores como Benjamín y José Luis, a quienes recuerda porque le enseñaron a creer nuevamente en ella y a levantarse.


 

Su historia, sin embargo, sigue encontrando eco en la realidad de la niñez y adolescencia afectada por el conflicto armado. Entre enero y junio de 2026, el programa especializado del ICBF para la atención de quienes se han desvinculado de grupos armados ha atendido a 483 menores de edad, de los cuales, 211 ingresaron al programa: 118 hombres y 93 mujeres.


 

Atención especializada


 

Detrás de esas cifras hay historias como la de Deisy, marcadas por la separación de sus familias y la necesidad de reconstruir proyectos de vida.


 

Por eso, su mirada sobre la atención también es crítica: considera que quienes llegan después de experimentar la guerra necesitan, además de educación y atención especializada, comprensión, cercanía y humanidad. «Son niños arrancados de sus familias», recuerda al hablar de aquello que quisiera ayudar a mejorar.


 

La guerra no atravesó solamente su infancia, marcó a su familia. Deisy cuenta que varios de sus hermanos murieron en medio de la violencia; dos de ellos, según su testimonio, fueron reclutados a los 14 años y posteriormente asesinados, mientras una de sus hermanas desapareció y su familia aún desconoce dónde están sus restos. Al salir del ICBF también emprendió la búsqueda de su madre y solo logró encontrarla doce años después; al poco tiempo, relata, ella murió.


 

«Prácticamente, a mi familia la acabó la violencia», afirma. Hoy, cuando habla de las personas cercanas, habla principalmente de sus hijos. Ellos, dice, son el motor para intentar dejar un país diferente al que conoció cuando era niña.


 

¿Qué le diría hoy a aquella niña que alguna vez fue?


 

Quizá el momento más sensible de su relato aparece cuando imagina qué le diría hoy a aquella niña que alguna vez fue. Durante años, asegura, sintió vergüenza e incluso llegó a responsabilizarse por lo que sufrió. Con el tiempo comprendió que la culpa nunca había sido suya. «Le diría a esa niña, primero, que la perdono, que no se juzgue tanto», expresa.


 

Ese proceso de reconciliación consigo misma le permitió cambiar la manera de contar su historia: dejó de verse únicamente desde lo que le hicieron y comenzó a reconocerse desde lo que consiguió construir después. «Soy una mujer sobreviviente que transformó ese dolor en amor, para trabajar por los demás», asegura Deisy.


 

Trabajo desde los territorios

 

Esa experiencia es ahora la base de lo que quiere aportar a la prevención del reclutamiento. Deisy propone trabajar directamente en los territorios, junto con comunidades, organizaciones, profesores, familias e instituciones del Estado, para detectar tempranamente las señales de riesgo. También advierte que las formas de captación han cambiado y que las redes sociales pueden convertirse en escenarios utilizados para acercarse a niños mediante mensajes asociados con dinero, joyas o una falsa idea de poder y éxito.


 

Pero sostiene que prevenir exige mucho más que campañas, significa llevar oportunidades reales a los territorios mediante educación, cultura, arte y deporte. Su propuesta se resume en una frase que condensa buena parte de su experiencia: «Enamoremos a los niños de un balón y no de un fusil».


 

Ahora, desde su nuevo rol orientado a apoyar la prevención del reclutamiento de la niñez y adolescencia, Deisy quiere que su historia sirva para evitar que otras infancias recorran el mismo camino. Cuando piensa en quienes todavía permanecen vinculados a grupos armados, les recuerda que no escogieron esa guerra y que existe la posibilidad de construir otra vida. «Ustedes no hacen parte de una guerra que no les pertenece», sostiene.


 

Su regreso al ICBF es el comienzo de una nueva historia profundamente humana, hace 19 años salió de la Institución para enfrentarse al mundo después de haber necesitado protección; hoy vuelve desde otro lugar, con una vida construida y la experiencia convertida en propósito, para acompañar a quienes atraviesan caminos que ella conoce de cerca; para demostrarles que después del miedo, también es posible volver a empezar. Desde ese nuevo lugar, su mensaje para quienes algún día crucen las puertas del ICBF es sencillo y poderoso: «Aquí los estaré esperando, con los brazos abiertos».


Ver entrevista completa aquí.

Instituto Colombiano de Bienestar Familiar - ICBF Comunicaciones

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