Celebración de la Semana Mundial de la Lactancia: así se vive en el Bienestar Familiar
Esta semana hablaremos de una práctica que nos toca a todas y todos: la lactancia humana, familiar, comunitaria y diversa, como la llamamos en el Bienestar Familiar. Esta es una práctica que no solo alimenta, sino que también conecta, protege y transforma comunidades enteras, garantizando el derecho a una alimentación adecuada para las niñas y los niños en todo el territorio nacional. Además, ha sido reconocida como un acto que salva vidas.
Respaldada por la evidencia científica y el saber ancestral de las comunidades, la lactancia previene la mortalidad infantil y aporta beneficios nutricionales que se extienden hasta la edad adulta. Asimismo, protege la salud de la mujer o persona lactante, fortalece la economía de los hogares y contribuye a la preservación del medio ambiente.
La lactancia es el primer acto de soberanía y autonomía alimentaria. Debe ser una decisión informada de las mujeres y sus familias, que permite ofrecer a las niñas y los niños un alimento natural, solidario y sostenible; un alimento que no genera residuos ni contaminación y que, además, aporta todo lo necesario para su óptimo crecimiento y desarrollo.
Al hablar de ella, debemos verla más allá de lo biológico. Su ejercicio reúne emociones, sentimientos, pensamientos y voluntad. Está influenciada por el contexto social, cultural y económico de cada territorio. Es tradición, es cultura y es transmisión de saberes y afectos de generación en generación. Por eso decimos que la lactancia es parte de nuestra identidad como especie.
El rol del hombre o compañero cada vez cobra mayor importancia. Cada vez más comunidades reconocen que la lactancia no es solo responsabilidad de la mujer. El acompañamiento cercano, el apoyo emocional y la transformación de los roles tradicionales son esenciales para mantener esta práctica a lo largo del tiempo y fortalecer la decisión de la mujer o persona lactante de ofrecer su leche, sintiéndose acompañada y apoyada.
La lactancia también hace parte de los derechos reproductivos de las mujeres y personas lactantes. Por ello, incide directamente en las políticas públicas al reconocer sus particularidades, necesidades y expectativas, así como las de sus familias y comunidades, promoviendo la igualdad, la equidad y la no discriminación.
El Bienestar Familiar se vincula a la campaña de la Semana Mundial de la Lactancia (SMLM), que se celebra desde 1992 y fue reconocida oficialmente por la Organización Mundial de la Salud en 2018, con el propósito de generar conciencia pública y fortalecer el apoyo a la lactancia. La Semana Mundial de la Lactancia se conmemora oficialmente hasta el 7 de agosto.
Este año, el Bienestar Familiar se suma al lema de 2026: «Lactancia: un inicio sostenible en cualquier circunstancia».
Las y los invitamos a reflexionar, acompañar y apoyar esta práctica trascendental. Todas y todos tenemos un papel que desempeñar en su protección y promoción. Es una práctica que involucra a toda la sociedad: familias, comunidades, instituciones y el Estado.
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