12 - 18 años
Ocho comportamientos de los adultos que promueven el consumo de alcohol en niñas, niños y adolescentes y que debemos transformar
No basta con prohibir la ingesta de licor antes de los 18 años. Madres, padres y cuidadores deben ser un buen ejemplo y promover consumos responsables.
A pesar de los esfuerzos hechos por las autoridades para disminuir el consumo de alcohol en la infancia y en la adolescencia, los indicadores son alarmantes: de acuerdo con el Informe Mundial de Situación sobre Alcohol y Salud 2018[1], publicado por la Organización Panamericana de la Salud, el 27% de los jóvenes entre 15 y 18 años de todo el mundo consume alcohol y esta práctica generalmente comienza antes de los 15 años.
 
En Colombia, la prevalencia de esta situación también arroja cifras alarmantes. Según el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar[2], un 69,2% de los más de 80.000 niños y adolescentes entre los 12 y los 18 años encuestados, declaró haber consumido alcohol alguna vez en la vida siendo la cerveza, el aguardiente y el ron las bebidas más consumidas.
 
Por su parte, un estudio sobre consumo de alcohol en menores de 18 años desarrollado por investigadores de la Corporación Nuevos Rumbos[3], señala que el 70% de los más de 9.300 niñas, niños y adolescentes consultados afirmó haber ingerido bebidas alcohólicas al menos alguna vez en su vida; el 47% señaló que, a veces, lo hacía en presencia de sus padres; el 66% consideró que era fácil o muy fácil conseguir bebidas alcohólicas y alrededor del mismo porcentaje admitió que un adulto los había enviado a comprar alcohol una o más veces.
 

Las cifras anteriores muestran una problemática inquietante: las niñas, niños y adolescentes están iniciando el consumo de alcohol en los hogares e, incluso, madres, padres o cuidadores están propiciando ese consumo de forma directa o indirecta, consciente o inconsciente.
 
De hecho, aunque la ley prohíbe el expendio de bebidas embriagantes a menores de 18 años, “es importante mencionar que estos límites legales de edad son únicamente para adquirir alcohol y no necesariamente para beberlo. Por consiguiente, los padres u otros adultos pueden comprar estos productos y servirlos a los niños y adolescentes”, advierten los investigadores de la Corporación Nuevos Rumbos.
 
Prácticas culturales que, desde casa, incitan a los niños y niñas a consumir alcohol
 
Ante este panorama Gina Paola Díaz Lemus, trabajadora social y referente nacional en prevención del uso y consumo de sustancias psicoactivas de la Dirección de Niñez y Adolescencia, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), tiene una postura clara: “si queremos hacer efectiva la prevención del consumo de sustancias en niñas, niños y adolescentes tenemos que transformar las prácticas culturales al interior de la familia (…) No basta con decirles que ellos no pueden tomar o prohibírselo, debemos ser coherentes, no enviar mensajes contradictorios y enseñar un consumo responsable a través del ejemplo”.
 
Para la funcionaria, los padres de familia tienen una responsabilidad compartida, con el Estado y la sociedad en general, de promover factores de protección, autocuidado y toma de decisiones alrededor del consumo de alcohol, así como de promover una reflexión colectiva en torno a las celebraciones y el estilo de vida en Colombia que, de una forma u otra, promueven la ingesta de licor a temprana edad en los hogares. Veamos algunas de esas prácticas.
 
 
  1. “Tráigame una cerveza”
 
El primer factor tiene que ver con la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad. “Muchos padres, tíos, primos o abuelos mandan a los niños a comprar cerveza, e incluso, cigarrillos a las tiendas de los barrios junto con los huevos, la leche o cualquier otro alimento y allí, el tendero, que también puede ser un padre de familia, hace la venta ya sea por una relación de cercanía y confianza con la familia del menor o porque le parece completamente normal”, señala Díaz Lemus.
 
Aunque la bebida es para el adulto que la envía a comprar, esta práctica facilita el acceso de los niños y adolescentes al alcohol quienes comprenden que es muy fácil adquirirlo y, además, pueden llegar a verlo como un producto más de la canasta familiar sin considerar sus efectos. Por ende, los adultos jamás deben enviar a una niña, niño o adolescente a comprar alcohol y la sociedad en general incluyendo a vecinos, tenderos, deben vigilar y denunciar esta práctica.
 

“Si queremos hacer efectiva la prevención del consumo de sustancias en niñas, niños y adolescentes tenemos que transformar las prácticas culturales al interior de la familia. No basta con decirles que ellos no pueden tomar o prohibírselo, debemos ser coherentes, no enviar mensajes contradictorios y enseñar un consumo responsable a través del ejemplo”

  1. “Fiesta sin alcohol no es fiesta”
 
Lamentablemente, hay hogares en los que cualquier motivo se convierte en una excusa para consumir alcohol: el partido de fútbol, el cumpleaños, el Día de la Madre, el bautizo, la visita de un amigo, el paseo familiar, la piscina, porque hace calor, porque hace frío, etc. En estos casos, las niñas, los niños y los adolescentes crecen asociando el consumo de bebidas embriagantes con el disfrute del tiempo libre, las actividades de ocio y recreación, y el encuentro con los otros.
 
“Les mostramos que no podemos hacer una fiesta si no hay alcohol. Hacemos chistes: “es viernes y el cuerpo lo sabe”, “que se derrame una gota de sangre, pero no de licor”. La publicidad lo muestra: para celebrar hay que tomar, para reunirse con amigos hay que tomar. Entonces, no podemos sorprendernos de que un niño consuma alcohol si, a través del ejemplo, eso es lo que les estamos enseñando todo el tiempo”, señala la funcionaria del ICBF, Gina Díaz.
 
  1. “Ya está grandecito para que aprenda a tomar”
 
Creer que es mejor que un niño o adolescente aprenda a tomar con su padre o sus familiares cercanos es otra práctica cultural errónea que se debe erradicar. En algunos casos, esta mala costumbre está relacionada con la reproducción de estereotipos machistas bajo los cuales, los padres consideran que deben enseñar a tomar a sus hijos varones para reafirmar su masculinidad.
 
En otros casos, el hecho de que una niña, niño o adolescente inicie el consumo en casa da mayor confianza y seguridad a los padres. Sin embargo, la restricción del consumo de alcohol para menores de 18 años no se debe negociar ni transgredir bajo ninguna razón ni circunstancia.
 
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  1. “Las penas se ahogan en alcohol”
 
Otra práctica cultural que promueve el consumo de alcohol en la niñez y la adolescencia es su utilización por parte de los adultos como un mecanismo para evadir problemas.  En este sentido, hay padres y familiares que, a través del ejemplo, les enseñan a niñas, niños y adolescentes que las tristezas se ahogan en alcohol. “Cuando les mostramos a los menores de edad que, por ejemplo, una ruptura amorosa o una “tusa” se supera tomando, les estamos quitando herramientas para la vida: les estamos enseñando a beber para olvidar conflictos, pero no les estamos enseñando a manejar la frustración”, advierte Gina Díaz.
 
  1. “Necesito un trago”
 
En contraposición a lo anterior, hay otras actitudes de los adultos que les indica a las niñas, niños y adolescentes que el alcohol también es un vehículo para lograr estados de placidez, seguridad o relajación. Frases como “estoy estresado, necesito un trago”, “solo puedo bailar si estoy prendido” o “cuando tomo me desinhibo y me siento más seguro para hablar”, conduce a que los niños sientan la necesidad de consumir alcohol para obtener los mismos efectos que expresan los adultos. Tal y como ocurre en el caso, anterior, esto tiene serias implicaciones en el desarrollo de habilidades sociales y emocionales.
 
  1. “Una copita de aguardiente para la tos”
 
Existen creencias populares arraigadas en algunas familias quienes preparan remedios caseros que involucran alguna dosis de alcohol, por ejemplo, aguardiente o vodka, para tratar malestares como la tos o utilizarlos a manera de purgante. Esta práctica no solo fomenta el consumo de alcohol desde la infancia, sino que pueden llegar a tener efectos adversos para la salud de las niñas, niños y adolescentes.
 
 
 
  1. “No estoy borracho”
 
Cuando los adultos desarrollan consumos problemáticos al punto de embriagarse, crear conflictos e, incluso, perder la consciencia, los niños y adolescentes adquieren una idea distorsionada con relación a la ingesta de alcohol a través del ejemplo que reciben de los mayores. En este sentido, asumen la premisa de que solo se puede dejar de tomar cuando se está ebrio o que aquel que más toma es el más fuerte o el más valiente. Al respecto, hay estudios que demuestran que los niños que ven a sus madres, padres o cuidadores borrachos son más propensos a querer embriagarse.
 
  1. “Un sorbito y no más”
Por más que los niños y adolescentes insistan en probar una bebida alcohólica debido a su curiosidad innata, los adultos no deben ceder y deben mantenerse firmes en su posición de no permitir el consumo hasta que alcancen la mayoría de edad.  Pensar que “un traguito no les hace nada” es un grave error. Así mismo, el hecho de dejar vasos servidos o botellas al alcance de los menores de edad, son negligencias que se cometen en algunos hogares, que promueven el consumo de alcohol en la infancia y que, en el peor de los casos, pueden generar intoxicaciones.
 
 
Trabajar en la transformación de estas prácticas al interior de las familias es fundamental para prevenir el consumo de alcohol en niñas, niños y adolescentes. Así las cosas, la invitación es a que madres, padres, cuidadores evalúen sus comportamientos con relación al alcohol y el ejemplo que, a través de estos, le están dando a sus hijas e hijos. Solo si tienen buenos criterios de análisis, los niños y adolescentes adoptarán consumos responsables a la edad adecuada.
 
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