12 - 18 años
Cambios en el comportamiento: una señal de alerta
Las alteraciones significativas en los hábitos, rutinas e intereses de los niños y adolescentes pueden estar relacionadas con dificultades o situaciones de riesgo.
Prestar atención a los cambios significativos o drásticos en las conductas y actitudes de niñas, niños y adolescentes es fundamental durante el proceso de crianza. Esto les permite a las madres, padres y cuidadores identificar, de manera temprana, no solo cualquier problema o dificultad que estén atravesando y que requiera acompañamiento, sino también alguna situación de riesgo o vulneración de derechos que necesite intervención a tiempo.
 
Los cambios en los comportamientos de las niñas, niños y adolescentes pueden estar vinculados con su etapa de crecimiento y desarrollo socioemocional. Estos cambios se relacionan directamente con las transiciones que experimentan a lo largo de su ciclo vital en el tránsito por la primera infancia, la pubertad y, luego, por la adolescencia generan transformaciones significativas es sus necesidades, actitudes, intereses, gustos, expectativas y búsquedas de identidad.
 
En este proceso, las niñas, niños y adolescentes asumen actitudes que les permiten enfrentarse a los desafíos que les plantea la cotidianidad en el reconocimiento de sus capacidades para afrontar una determinada situación. Estas actitudes pueden ser positivas o negativas y están estrechamente vinculadas a la personalidad de cada individuo.
 

"Algunas niñas, niños y adolescentes afrontan los cambios sin dificultades. Para otros, en cambio, la adaptación es más compleja, generándoles miedo, estrés, ansiedad e incluso depresión. Es en este escenario donde los adultos deben estar más atentos"

Algunas niñas, niños y adolescentes afrontan los cambios sin dificultades. Para otros, en cambio, la adaptación es más compleja, generándoles miedo, estrés, ansiedad e incluso depresión. Es en este escenario donde los adultos deben estar más atentos.
 
Cambios en los comportamientos de niñas, niños y adolescentes para tener en cuenta
 
Las madres, padres y cuidadores deben prestar especial atención cuando un niño, niña o adolescente manifieste comportamientos como los siguientes:
 
  • Ha perdido interés en sus actividades cotidianas y aquellas que normalmente disfruta.
  • Luce triste o desmotivado de manera persistente.
  • Parece incapaz de realizar sus actividades rutinarias.
  • Se ve cansado, sin ánimo o sin energía.
  • Muestra cambios en el apetito: está dejando de comer o ha empezado a consumir más alimentos de lo habitual.
  • Realiza variaciones en sus horarios de alimentación.
  • Muestra interés particular por algún alimento o producto que antes le era indiferente.
  • Pasa largos periodos solo o encerrado en su habitación.
  • Ha cambiado sus hábitos y rutinas de sueño: duerme más o menos tiempo de lo habitual o en horarios no convencionales.
  • Se muestra ansioso, luce nervioso y le cuesta trabajo concentrarse.
  • Está indeciso: le cuesta hacer elecciones.
  • Permanece inquieto y manifiesta sentimientos de inutilidad.
  • Siente culpa por situaciones particulares y expresa desesperanza.
  • Manifiesta pensamientos o conductas de autolesión o suicidio.
 Cambios en entornos y rutinas
 
El hogar no es el único espacio donde la niña, el niño o el adolescente se desenvuelve, por lo que es necesario verificar los cambios abruptos que pueda tener en otros entornos familiares, como el colegio o el barrio. En este punto, hay que estar alerta a cambios de actitud frente a un familiar en particular, a cambios de amistades o modificaciones significativas en sus rutinas diarias como, por ejemplo, la pérdida de interés en asistir al colegio o retrasos más allá de lo usual en su horario de llegada a casa después de clase o de alguna actividad extracurricular.
 
En conclusión, cualquier actitud o comportamiento que no sea usual o que no corresponda con lo que se considera el comportamiento habitual, debe concentrar la atención de padres, madres y cuidadores con el objetivo de indagar qué sucede y de qué forma se puede actuar.

Contenido Complementario
¿Qué hacer?
 
La clave para actuar de manera oportuna es no pasar por alto ninguna de estas señales de alerta. Si como madre, padre o cuidador identificas algún cambio de comportamiento o de actitud en tu niña, niño o adolescente, lo primero que debes hacer es iniciar un acercamiento a tu hija o hijo, a través del diálogo respetuoso, amoroso y basado en la confianza sin críticas, señalamientos o juicios. Recuerda que confrontar un problema no significa atacar. Por el contrario, lo que se busca es identificar cuáles son sus posibles causas.
 
Para acercarte a tu niña, niño o adolescente y ‘romper el hielo’, algunos psicólogos recomiendan iniciar la conversación mostrando interés en alguna actividad que el menor de edad esté desarrollando. Preguntar por un programa de televisión, videojuego o deporte puede ser la excusa perfecta para entablar una conversación.
 
Otra estrategia válida consiste en expresar tus propias emociones o sentimientos para crear una empatía mutua. Por ejemplo, si has notado que el niño o adolescente está triste o preocupado por algo, puedes empezar la conversación contándole algo que a ti también te genera una emoción similar y pidiéndole un consejo a través de expresiones como: “¿Sabes?, estoy preocupado porque me pasó esto en el trabajo o con un amigo”. “¿Tú qué harías en mi lugar?”. En ocasiones, descubrir que sus padres y cuidadores también tienen problemas y buscan ayuda en otros, los anima a contar sus propias angustias.
 
Una vez inicies la conversación el menor de edad, aplica una escucha activa. Esto implica prestar atención a lo que la otra persona está comunicando. A veces, las niñas, niños y adolescentes solo necesitan que alguien los escuche y los entienda. Este simple hecho de escuchar puede ser de vital importancia.
 
Cuando logres detectar la razón que está motivando el cambio podrás determinar el paso a seguir de acuerdo con el nivel de gravedad que revista la situación. Así, si la niña, niño o adolescente está triste o preocupado por algún problema particular que está viviendo con sus amigos o en su entorno escolar, puedes mediar, ayudándole a encontrar soluciones o solicitando apoyo del trabajador social o del psicólogo del colegio.
 

 

En cambio, si consideras que la situación es mucho más compleja, deberás acudir a profesionales de la salud. Lo importante, es que el niño o adolescente sienta que cuenta con tu apoyo, comprensión y amor sin importar el problema que esté enfrentando. Ese respaldo lo hará sentirse seguro y amado.